De las muchas interpretaciones que los escritores han dado a la identidad del hombre americano, la novela "Pedro Páramo" de Juan Rulfo me ha dado la brutal desolación de un mundo sin esperanzas y sin posibilidades. El desencuentro domina esta historia que, de alguna manera, es la historia de todos los hombres y mujeres de América Latina, los mestizos que han sido olvidados por sus padres. De alguna manera, Pedro Páramo es una novela que nos muestra a un Telémaco degradado en la figura de Juan Preciado. El conocido mito de la telemaquía, es decir, la búsqueda del padre -en ese caso Ulises, el padre cariñoso y tierno que añora el hijo de Penélope en la Odisea- está aquí invertido. Fantasmas que buscan fantasmas en un espacio vacío y pérdido en la borrasca del desierto. Rulfo ha dado testimonio de ese mundo en sus fotografías, íntimas y lacerantes. Como en la Divina Comedia, aquí debemos abandonar toda esperanza al entrar a este infierno en donde ni siquiera nos espera la consideración del castigo, tampoco la opciónde unos cien años de soledad, puesto que en el mundo de Rulfo únicamente encontramos disolución y desengaño, un hombre mirando por toda la eternidad el camino que lleva al cementerio donde yace la mujer amada que nunca lo amó.
viernes, 24 de marzo de 2006
Fantasma en busca de fantasmas
De las muchas interpretaciones que los escritores han dado a la identidad del hombre americano, la novela "Pedro Páramo" de Juan Rulfo me ha dado la brutal desolación de un mundo sin esperanzas y sin posibilidades. El desencuentro domina esta historia que, de alguna manera, es la historia de todos los hombres y mujeres de América Latina, los mestizos que han sido olvidados por sus padres. De alguna manera, Pedro Páramo es una novela que nos muestra a un Telémaco degradado en la figura de Juan Preciado. El conocido mito de la telemaquía, es decir, la búsqueda del padre -en ese caso Ulises, el padre cariñoso y tierno que añora el hijo de Penélope en la Odisea- está aquí invertido. Fantasmas que buscan fantasmas en un espacio vacío y pérdido en la borrasca del desierto. Rulfo ha dado testimonio de ese mundo en sus fotografías, íntimas y lacerantes. Como en la Divina Comedia, aquí debemos abandonar toda esperanza al entrar a este infierno en donde ni siquiera nos espera la consideración del castigo, tampoco la opciónde unos cien años de soledad, puesto que en el mundo de Rulfo únicamente encontramos disolución y desengaño, un hombre mirando por toda la eternidad el camino que lleva al cementerio donde yace la mujer amada que nunca lo amó.
Crónica de una muerte anunciada
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